El Secreto Profesional

El Secreto Profesional

Héctor Tinoco Jaramillo

El presente trabajo tiene por objeto el estudio del secreto profesional enfocado a las relaciones establecidas entre los abogados y sus clientes.

En el apartado primero de este estudio presentaré conceptos generales sobre el secreto profesional, que abarca por igual a los profesionales del derecho así como a otros profesionales, tales como los que estudian medicina.

En el numeral dos, se describen las características del secreto profesional que deben guardar los abogados. En este apartado se hará referencia al tema que nos ocupa, tanto desde el punto de vista de la deontología jurídica como desde la óptica de nuestro derecho positivo vigente.

Por último, en el tercer punto de este trabajo se expondrá la forma en que el secreto profesional del abogado es tratado en diferentes códigos deontológicos para abogados.

En doctrina este tema se localiza usualmente en los capítulos que se tratan sobre los principios generales de la deontología jurídica.

De acuerdo con lo que nos enseña Ángela Aparisi Miralles en su libro Ética y Deontología para Juristas, etimológicamente, el término “Deontología” equivale a tratado o ciencia del deber. Está constituido por los vocablos griegos deontos, genitivo de deon -que significa deber- y de logos, equivalente a discurso o tratado. Se trata pues de aquella parte de la filosofía que se refiere al origen, a la naturaleza y al fin del deber, en contraposición a la antología, que se dedica al estudio de la naturaleza, el origen y el fin del ser.

Actualmente la deontología remite fundamentalmente al estudio de los deberes que surgen en el desempeño de profesiones que se consideran de interés público, que requieren de un vínculo con el cliente o paciente, se ejercen en el régimen de monopolio, porque exigen estar en posesión de un título y de forma libre.

Desde dicha perspectiva, las normas deontológicas son, básicamente, exigencias de ética profesional. Por ello, al igual que ocurre con las normas morales, se nos muestran como un deber de conciencia. Así, a diferencia del precepto legal, la norma deontológica, como la ética, preexiste a ésta y, en principio vincula al hombre con la obligatoriedad que reviste la norma moral. En consecuencia, establecen criterios y parámetros de actuación con independencia de que existan normas (básicamente códigos deontológicos) que sancionen o no el incumplimiento de tales deberes.

La historia de la deontología profesional ha estado estrechamente ligada a la existencia de los códigos deontológicos. Ello hasta el punto de que, en numerosas ocasiones, se ha considerado norma deontológica exclusivamente a aquella que se encuentra recogida en un código deontológico.

En mi opinión, la existencia de deberes no codificados, pero cuya observancia es esencial para la profesión, es evidente. Términos como probidad, moderación, honor, son demasiado ricos, como para poder ser encerrados en fórmulas casuísticas.

De cualquier modo, y aun rechazando la estricta equiparación entre norma deontológicas y deontología codificada, debemos admitir que dichos códigos han sido, y son en la actualidad, valiosos instrumentos que favorecen la publicidad, certeza y eficacia de las normas deontológicas. Por ello en este trabajo vamos a hacer referencia a varios de los códigos referidos.

Como se señalara más adelante, el secreto profesional ha trascendido al ámbito deontológico y actualmente se encuentra regulado en diversas leyes.

Es justamente al discutirse el alcance que dicha regulación debe tener, cuando el secreto profesional se ha visto amenazado. Debido al incremento de delitos relacionados con el lavado de dinero, el financiamiento al terrorismo y al narcotráfico, se ha sugerido la posibilidad de exceptuar a los abogados de la obligación que tienen de guardar el secreto profesional.